martes, 19 de abril de 2016

En la hamburguesa

Tres ventas seguidas frustradas dan mucha hambre, así que el cartel que vio Andoni anunciando con una foto desvencijada hamburguesas y perritos no le pareció mal.
Entró y sin saludar fue a repantingarse en una de las dos únicas mesas que quedaban libres, la más cercana al enorme cristal que daba a la calle. Se aisló del barullo del restaurante, que formaban parejas y grupos de universitarios. Podría pasar por el padre de cualquiera de ellos. Fuera, mientras una lluvia casi invisible comenzaba a caer dócilmente, los pensamientos se le amontonaban. Podía explicarse, difícilmente, pero podía, el no de Carlos Gorriarán e incluso el de Aceros Jaén, pero no entendía que con un presupuesto firmado y la venta ya añadida a su ranking mensual en Industrias Beloqui le hubieran echado para atrás el encargo.
Tenía que buscarse otro trabajo.
El camarero vino con una carta en la mano y una medio sonrisa más bien acartonada en la cara. Echó un vistazo rápido a las fotos sin mirar los precios y pidió sin dejar que se fuera. Una hamburguesa normal. Una cerveza normal.
El café mejor en otro sitio.
Risotadas como bofetadas. Se sentía como un pececillo gris y enfermo compartiendo pecera con hordas de pirañas amables y coloridas. Agresivas, pero encantadoras. Jóvenes. Ahí radicaba su encanto: en su insultante juventud.
Aunque él, siempre que se preguntaba si volvería atrás, se respondía lo mismo. No.
La hamburguesa no estaba mal. Carecía de ese sabor prefabricado de la comida de las grandes cadenas. Estaba bien, pero mientras se deleitaba con el perfil egipcio de la muchacha en la mesa contigua, sus muelas encontraron algo que no debiera estar ahí. Nada duro como una piedra debe estar dentro de una hamburguesa. Aplacó como pudo el dolor que le había causado el mordisco fallido y levantó el pan para ver qué era.

El anillo, seguramente de oro, estaba manchado de tomate. Lo cogió y lo limpió. Al parecer, a la chica de la cocina, cuya boda había tenido lugar hacia una semana, el matrimonio le venía algo grande.