viernes, 22 de abril de 2016

LO QUE SANDOVAL NO SABE

La facultad que tenía Sandoval, –mirar fijamente a una mujer y poder llevarla hasta el orgasmo en unos pocos minutos–, la adquirió en la consulta de una sanadora. Esta era una brasileña con acento de Málaga, más ancha que alta, blanca como la nieve virgen y con tantas pulseras y collares colgando que el hombre se preguntó, nada más verla, qué era aquel bulto que se movía ante él cubierto de aros de todo color y tamaño. De la cabeza, –no del cuello, de la cabeza–, le pendían a aquella aparición un haz de irisados redondeles naranja y verde del tamaño de hula hoops. Y no se le caían.
La causa de aquella visita era que Sandoval, recién entrado en la cuarentena, no resistía la mirada de una mujer. Cada vez que eso ocurría un terremoto de intensidad 9,8 en la escala de los seísmos emocionales le sacudía de arriba abajo, y le dejaba hecho unos zorros.
Siempre le había pasado, pero había lidiado con ello mal que bien. Ahora, a punto de terminar la primera parte del partido de su vida, la cosa se ponía fea.
Roxana le sentó frente a ella y le conminó a que se la quedara mirando. Penosamente abrazado a una endeble columna interior, Sandoval obedeció.
Del interior de la maga empezó a asomar un susurro quejicoso:
–Mhhh, ahhh, …
Todo esto terminó con la facultativa en el suelo, invadida por un febril aluvión de sensaciones. Y con dos billetes de cien euros cambiando de manos.
Sandoval quiso poner a prueba su recién estrenada habilidad y se fue a merendar a un café del centro. Se sentía con más poder que Ruiz Mateos. A mitad de la segunda porra, se fijó en la señora de la última mesa. Tendría más o menos su misma edad. La tenía de medio perfil, pero sintió que, si la miraba con suficiente concentración e insistencia, terminaría por captar su atención.
Así fue. Durante unos segundos, el mundo pareció detenerse. Luego, transcurridos estos, la elegante señora: abrigo marrón, falda entallada, adorno en el pelo (¿sería una extra de “Tiempo entre costuras”?), se levantó y se marchó. Al salir no miró hacia atrás.