martes, 4 de octubre de 2016

Una fosa poco profunda

— Tercero exterior izquierda.
— ¿Hay ascensor? —preguntó Oso.
— No —contestó Nina.
— Mierda.
Cuando la pareja entró en el piso, el Gitano estaba dando paseos por el salón muy nervioso y algo magullado.
— No sé qué ha pasado — comenzó a decir cuando vio entrar a Nina—. Estábamos hablando y…
— Chst… silencio. Siéntate y nos lo cuentas todo. Pero despacio —le dijo Nina agarrándole de los brazos.
El Gitano se sentó en el sofá.
— Pues llego a casa y me encuentro a la Olga que está haciendo la maleta y la digo que donde va y me dice que se va y la digo que por qué y me dice que no me quiere. Y empezamos a discutir y me suelta que ha conocido a otro o… yo qué sé. Que me he vuelto loco y ha corrido al baño y… joder. La mierda. Joder.
— Vale —dice Oso— ¿entonces está en el baño?.
— Sí, ahí se ha  quedado.
— Entonces entra ahí, quita la cortina de la ducha y la envuelves con eso. Luego te vas a la habitación quitas la alfombra y lo envuelves todo con eso.
— ¿Y no pensáis ayudarme?
— Nina, asómate al baño —dijo Oso sin escuchar lo que tiene que decir el Gitano.
Nina obedeció inmediatamente, pero el Gitano se quedó como un pasmarote en mitad del salón sin saber qué hacer.
— Gitano, si quieres salir de esta, haz lo que yo digo. Sin peros ni quejas. Y hazlo inmediatamente.
El cuarto de baño estaba más o menos limpio en cuanto a sangre se refiere. Sólo una pequeña mancha donde Olga había golpeado la taza con la cabeza y que había sido la causa de su muerte.

Oso conducia despacio. Nina iba sentada a su lado. El Gitano en el asiento de atrás. Olga en el maletero. Estaba amaneciendo y podían ir con las luces apagadas. Se adentraron en un bosque por un camino forestal. Oso detuvo el coche donde le pareció más seguro. Hizo que el Gitano sacase el cadáver del maletero y lo cargase durante una marcha de un cuarto de hora. Nina llevaba dos palas y él un pico.
Dejaron que el Gitano cavase él solo una fosa poco profunda. Mientras tanto, Oso se puso un mono desechable.
— Gitano, para un momento. Ya sigo yo —dijo Oso cuando acabó de vestirse.
el Gitano dejó la pala en el suelo e intentó salir de la fosa, pero en ese momento Oso se le echó encima poniéndole una bolsa de plástico en la cabeza. Por un momento, Nina no supo qué hacer. Después se abalanzó sobre el Gitano para sujetarle las piernas. Unos minutos después, los cadáveres de el Gitano y de Olga estaban enterrados juntos.

— ¿Por qué, Oso?
— Teníamos que limpiar, y hemos limpiado.
— Pero no tuvimos que habernos cargarnos al mierda ese. Ha sido innecesario.
— Nina, yo te digo lo que es necesario o no.
Condujeron un rato más en silencio.
— ¿Cómo sabías lo de la cortina del baño?¿y lo de la alfombra de la habitación? —preguntó Nina.
Oso continuó conduciendo sin decir nada. Pararon en una cafetería de carretera. Se sentaron en una mesa apartada y pidieron café.
— Esto sólo lo voy a decir una vez —dijo Oso, casi masticando las palabras—. De todas las mujeres que ese mierda podría haber matado, ha matado a Olga.
— ¿Y qué pasa si su banda se entera de esto? estamos muertos. Tú y yo. Si se lo ha contado a alguien mientras nosotros íbamos de camino o algo así...
— Hemos limpiado todas las pruebas. Si por casualidad el Gitano se lo ha contado a alguien más, si hubiese otro testigo del que no sabemos nada, diremos que el Gitano está de vacaciones hasta que todo se enfríe ¿entendido? Yo, por mi parte, no he dejado nada que me vincule a lo que ha pasado esta noche. Nada excepto una cosa. Dime, Nina ¿crees que necesito limpiar esa cosa o que todo está bien?
— No, Oso, todo está bien. Voy a pedir un bocadillo de panceta ¿quieres otro?